NUTRICIÓN Y CANCER
La nutrición desempeña un papel fundamental tanto en la prevención del cáncer como en el manejo integral del paciente oncológico. La evidencia científica respalda que una proporción significativa del cáncer puede prevenirse mediante intervenciones nutricionales y estilos de vida saludables. A su vez, una atención nutricional oportuna tras el diagnóstico, mejora la tolerancia al tratamiento, la calidad de vida y el pronóstico.
La prevención del cáncer a nivel alimentario y nutricional según diversos organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el World Cancer Research Fund/AICR, estiman que entre el 30 y el 40 % de los cánceres pueden prevenirse mediante una alimentación saludable, actividad física regular y el control del peso corporal.
Las principales recomendaciones incluyen:
- Garantizar una alimentación balanceada y equilibrada en todos los nutrientes de forma individualizada.
- Mantener un peso corporal saludable, evitando sobrepeso y obesidad.
- Asegurar un consumo adecuado de fibra dietaria (≥25–30 g/día).
- Evitar al máximo el consumo de carnes procesadas.
- Reducir el consumo de alimentos ultraprocesados.
- Evitar o limitar el consumo de alcohol.
- Emplear técnicas de cocción saludables.
- Cubrir los requerimientos de micronutrientes a través de la dieta, evitando suplementación sin indicación clínica.
Una vez ya este el diagnóstico de cáncer la nutrición es un pilar esencial del tratamiento oncológico. El abordaje nutricional adecuado permite prevenir complicaciones, mejorar la respuesta terapéutica y preservar la funcionalidad del paciente, por consiguiente, se busca de manera individualizada según diagnóstico y tratamiento:
• Prevenir y tratar la desnutrición, sarcopenia y caquexia.
• Mantener o mejorar el estado nutricional y la masa muscular.
• Optimizar la tolerancia a los tratamientos oncológicos.
• Reducir complicaciones y hospitalizaciones.
• Mejorar la calidad de vida.
Por otro lado, la nutrición oncológica en pediatría constituye un pilar fundamental en el manejo integral del cáncer infantil, ya que la evaluación del estado nutricional influye directamente en aspectos como: respuesta al tratamiento, tolerancia a terapias físicas y la calidad de vida del paciente. La malnutrición, frecuente en niños con cáncer, puede aumentar el riesgo de infecciones, retrasar la recuperación y afectar negativamente su crecimiento y desarrollo. Por ello, la atención nutricional temprana, continua y bajo supervisión profesional; es considerada un factor pronóstico modificable dentro del abordaje multidisciplinario del paciente pediátrico oncológico.
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El rol del nutricionista especializado es esencial para la evaluación, seguimiento e intervención nutricional individualizada, desde el diagnóstico hasta las distintas fases del tratamiento. En la población pediátrica se deben vigilar de manera constante la ingesta energética y proteica, el aporte adecuado de micronutrientes y la presencia de efectos adversos asociados a la terapia, como náuseas, mucositis, anorexia o alteraciones del gusto. Estas condiciones requieren ajustes nutricionales específicos que permitan preservar el estado nutricional, favorecer la función inmunológica y apoyar un crecimiento adecuado, siempre alineados con guías clínicas y evidencia científica actualizada.
Por último, es fundamental evitar la aplicación de información nutricional falsa o sin respaldo científico, la cual puede poner en riesgo la salud del paciente pediátrico. Así mismo el uso de dietas restrictivas, suplementos no indicados o recomendaciones difundidas sin evidencia clínica. La práctica de la nutrición oncológica pediátrica debe basarse en literatura científica revisada por pares, guías de sociedades médicas y organismos internacionales reconocidos, reforzando el rol del profesional de la salud como garante de intervenciones seguras, éticas y basadas en evidencia.
Claudia Briceño
Jefe del Departamento de Nutrición y dietética
Fundación Santa Fe de Bogotá


